LA FILOSOFÍA Y LA POLIS CONDUCEN DEFINITIVAMENTE A EUROPA

El tema del hombre no podía ser comprendido de manera más exhaustiva, hasta los límites de la sofística y ya dentro de ella, que en la serie de obras de Eurípides, Esquilo y Sófocles.  Y, finalmente, la tragedia, que no tiene sencillamente nada que ver con el concepto burgués del drama, sino que es el cantar de los cantares de lo humano, ha de ser concebida junto con la comedia; desde el 487 a.C. es ésta en Atenas parte, con pleno derecho, de las fiestas dionisíacas.  Los poetas cómicos, de los cuales sólo es aún para nosotros un concepto Aristófanes, pero de los que hubo una caterva, unieron sal y alegría, profundidad y arrogancia como no se han vuelto a unir en ninguna escena del mundo, incluso ni siquiera en las comedias de Shakespeare.
Sólo donde el hombre está puesto como medida de las cosas es posible la tragedia.  Pues ella presupone que la existencia humana es la suma de todo, el escenario de los dioses y, a partir de ello, también la fuente de una potencia propia; sólo así comienza a darse la situación trágica.  Si el hombre está completamente ligado a un sistema de guía de cualquier clase, no puede ser trágico; quizá es muy feliz, quizá maldito, quizá santo, pero no trágico.  Así debió de ser la tragedia una pieza de Europa para defenderla contra los persas, uno de aquellos valores que e hubieran tornado imposibles si Grecia se hubiera convertido en una satrapía persa.  De ello es un hermoso símbolo que Esquilo combatiera en Maratón y Salamina, que, según la leyenda, el efebo Sófocles bailara en los coros de la victoria y que Eurípides naciera en el día de la batalla de Salamina.
Tan cerca como está la tragedia de la polis parece estar lejos de ésta la filosofía.  Hegel afirmaba que la irrupción del pensamiento filosófico fue uno de los acontecimientos que echaron a perder la polis o prepararon su corrupción, porque el interés de tal pensamiento no estaba ya en el estado, sino que transformaba la realidad en idealidad, la costumbre en interioridad.  Por ello encuentra consecuentemente que Sócrates muriera justamente, o injustamente, sólo en la medida en que el principio de la corrupción, es decir, la subjetividad, ya entonces se había convertido en general.
Por explícito que este juicio pueda parecer en la boca de un filósofo, en el caso de los griegos no se confirma, sino que en ellos la filosofía, aunque hermana muy desigual, está estrechamente enlazada con la tragedia, y de un modo altamente positivo pertenece al humanismo heleno.  Tengamos en cuenta que el filósofo protege y defiende su patria y que sólo desde Platón se halla en el exilio y conspira contra ella.
La filosofía surge como liberación del pensamiento, como crisis de la religión, como "ilustración".  Los griegos justifican la filosofía con el argumento de que no es esencial que fuerzas oscuras, telúricas, dionisíacas fueran poderosas en sus vidas, sino que ellos podrían ser conquistados y dominados por el logos.  
En la polis libre, fuera ésta aristocrática o democrática, no había podido apoyarse el dominio extranjero persa, sino sólo en tiranos aislados o en aisladas estirpes de oligarcas, y además, sobre todo, en los sacerdotes.  El armazón estaba listo ya, y se había formado en el movimiento religioso del siglo VI.  Con los oráculos, los profetas religiosos, los santuarios panhelénicos, estaban los persas en el más íntimo contacto..  Delfos actuaba en favor de la causa persa, y por todas partes desaconsejaba  la resistencia.  Si hubieran vencido los persas, hubieran gobernado, como en todas partes, con ayuda de la autoridad espiritual y le hubieran dado a ésta una organización.  La religión griega se hubiera convertido en iglesia y en teocracia, y la teocracia griega se hubiera acreditado, como por todas partes en el imperio persa, como instrumento y contrapartida en la dominación extranjera.  Todo esto fue impedido por la decisión de 480-479.  Si los dioses griegos lucharon allí como aliados lo hicieron porque pertenecían a la polis griega y al humanismo helénico; gracias a ello lucharon contra la teología que ya estaba desarrollándose, en pro del pensamiento libre, por consiguiente, en pro de la filosofía y, por ende, en pro de la crisis de la fe y de la crisis de sí mismos.
Esto suena un poco a ilustrado.  Pero ¿no es esto Europa?  ¿No es esto por primera vez Europa?  Más profundos que nosotros son muchos, también más sabedores de potencias oscuras, mejor dotados para el éxtasis, para ponerse acordes con el innominado todo y para hundirse en la nada.  Pro nosotros somos más claros, y en caso de duda, incluso duda de pensamiento, tomamos el partido de nuestra propia existencia. La fuerza para esto la han defendido los griegos contra Asia, quizá fueron los primeros en luchar por ella (y nosotros somos sus herederos).  En este sentido, los griegos justificaron de verdad la filosofía, al cultivarla no al comenzar el crepúsculo, como síntoma y principio de su decadencia, sino en la plenitud  de su vida y como parte integrante de su humanidad.
Si determinamos la intención de la filosofía como "ilustración", no significamos con ello una forma racionalista degenerada de la ilustración, sino que también Heráclito, también Empédocles, también Pitágoras, nos pertenecen.  El pensamiento de que una vez se ha descubierto el propio autodominio y se ha aprendido a dar el salto plenamente, afirma después también sus casos extremos y sus transgresiones del límite, incluso los tanteos hacia lo inimaginable, incluso el salto en el cráter para llegar al corazón del mundo, también el entregarse a los pensamientos del viejo mito prehelénico, en el que tienen su origen oscuro las doctrinas de la armonía matemática de Pitágoras.  La palabra con fuerza de pensamiento, o el pensamiento que se realiza en sí mismo, es decir, en palabra: en resumen, el logos, se convierte a la vez en órgano y principio de verdad, en fuente y objeto de conocimiento, y esto es filosofía en sentido europeo.  Los griegos nunca consideraron ni tuvieron tal palabra por sacra y, en primer lugar, nunca la fijaron en sagrada escritura (pues la escritura nunca fue para ellos sagrada).  Por esto le exigieron a la palabra la fuerza de incorporar y designar de nuevo a los objetos, de abarcar de nuevo el sentido, de deducir conscientemente lo tácito y lo existencial.  En cuanto no hicieron a la palabra sagrada la convirtieron en instrumento de la filosofía.  Esta ruptura la realizó Heráclito de Éfeso al decir: "Sabio es oír y confesar no a él, sino al logos, que él lo sabe todo".  Y Parménides el eleata ha emprendido por encima de todo el mundo griego la alta conversación de los espíritus al describir al comienzo de su poema didáctico la realización del logos como el viaje de los divinos caballos hacia la verdad.  En los comienzos de la filosofía, la lengua se torna aquello a que estaba dispuesta desde el principio y que es tan raro en el uso ordinario: no sólo designación, sino concepto; no sólo dedo que apunta, sino mano del espíritu que abarca, y con ello, desde luego, necesariamente "oscura" para el gusto de la mayoría, que están acostumbrados a tantear con ella por encima de las cosas.

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