LA REPÚBLICA ROMANA

Cuando fue consagrado el templo de Júpiter Óptimo Máximo sobre el Capitolio, estaba expulsado ya el último tarquinio.  Las leyendas sobre Porsenna muestran que no faltaron intentos de reconquista etrusca y que casi llegaron a conseguirlo.  roma experimentó desde el principio que se debe estar siempre sitiado -o casi sitiado- si se quiere tener a largo plazo una victoria.  Pero con la repetición se demostró el carácter definitivo de la liberación.  Horacio Cicles y Mucio Escévola aparecen junto al igualmente legendario Junio Bruto, que expulsó al "tirano" Tarquinio Soberbio.  Este hecho lo solemnizó Roma hasta el final no sólo como comienzo de su libertad, sino como llegada a su propia forma política, la res pública.  Y en ello tenía razón: en rápida sucesión se desbordan todas las fuentes, se perfeccionan todas las decisiones, que hicieron a Roma una entidad política de primer orden y estilo propio, y precisamente con ello hicieron posible su papel en la historia universal.
Lo mismo si el doble cargo de la pretura (como se llamó primitivamente al consulado) fue introducido inmediatamente con la fundación de la república, o si la dictadura fue la transición desde el señorío de los reyes; en todo caso estos dos magistrados en su forma romana son creaciones originales del derecho público.  La plena colegialidad de los cargos superiores con la simultánea indivisibilidad de su imperium, unida a la concentración dictatorial de la jefatura del Estado por plazo fijo en una sola mano para cumplir una tarea determinada, son invenciones geniales de un espíritu político que construía muy bien el Estado desde el primer momento, esto es, de manera tan eficaz que era capaz de actuar con la mayor firmeza en todas las situaciones imaginables.  Con la misma conciencia (o, se podría decir, con la inconsciencia) son creadas en el plazo de medio siglo todas las instituciones clásicas del estado romano: un sistema de decisiones políticas que hacía posible una existencia plenamente dentro de la historia universal, e incluso la constituía, en el pleno sentido de la palabra.  La mezcla de Roma, después de una preparación de varios siglos, prosperó tanto, sus tensiones tenían tan alta carga, que la novedad se disparó de una vez, como si precisamente entonces en el siglo V a.C. hubiese sido creada por una voluntad consciente o como si desde el principio hubiera estado ya dada.  Pero en modo alguno es ninguna de las dos cosas.  La novedad surgió más bien de una época de fuerte lucha de clases.  Con todo, estas luchas de clases se acreditan de positivas, cual nunca lo fue una situación social de lucha con la historia universal.
Plenamente a ella corresponde la codificación jurídica de la ley de las doce tablas del año 451-450 a.C.; que el derecho sea fijado es siempre la primera exigencia desde abajo.  Nada tiene de una equipación de las clases.  El derecho crediticio se codificaba en toda su dureza, y la prohibición del connubio fue convertida en ley expresa.  Pero una vez que la codificación ocurrió, los magistrados ya no actúan claramente como representantes de la clase dominante a la que pertenecen, sobre una masa sin derechos, sino como órganos del conjunto y basándose en un derecho de plena vigencia.  A la época de la lucha de clases pertenece la formación de la constitución de centurias, o dicho de otra manera, la transformación de la constitución del ejército, según el principio del censo, de manera que la amplia masa de los ciudadanos está permanentemente alistada en el ejército y a la vez se desplaza la gravedad de la caballería hacia las formaciones de hoplitas a pie.  
Estado y ejército, ejército y pueblo, son equiparados entre sí como lo están la concavidad y la convexitud de un círculo, y la transición de la política a la guerra puede hacerse en todo momento.  A la época de las luchas de clase pertenece además, de manera más evidente que todo el resto, la creación del tribunado de la plebe, quizá el invento más genial de la república romana.  Primitivamente de origen revolucionario, como toda la organización de la plebe, y por ello una posición de fuerza puramente de hecho para controlar la conducción puramente aristocrática del Estado, el tribunado de la plebe es acogido en la organización regular del estado romano.  Primero se lucha, e incluso se resiste, pero más tarde se guarda; paso sencillamente decisivo para incorporar la plebe al Estado y hacer del señorío de la clase dominante, que se mantiene sin romper, la res pública, en la que todos tienen parte.  Arrancado y mantenido, disputado, pero cuatamente sirviendo e puente -esta es la firma de todas las medidas en las que se constituye la república romana desde comienzos del siglo V hasta mediados del IV, especialmente de aquellas que abren las magistraturas del estado a las gentilidades plebeyas.

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