ESPAÑA Y PORTUGAL SE REPARTEN LA TIERRA

Acaece una tremenda expansión del espíritu europeo.  El Occidente, que estaba estrechado en el espacio más pequeño, al renovarse se dispara de una vez y avanza hacia todo.  No sólo abarca la redondez de la Tierra con la mirada, sino que la toma en la mano.  ¿Es que no puede descubrir nada el espíritu occidental sin apoderarse de ello?  ¿Es que quizá hasta su teoría no es mirada, sino toma de posesión, disfrute y voluntad de dominio?  En este momento, en todo caso, la proposición de que el conocimiento ocurre en la acción se hizo verdadera en el sentido más literal.  Como el Occidente no era una unidad, cuando se derramó así, sobre la tierra descubierta surgió desde el primer momento una pluralidad de posiciones de fuerza, y las señales de la toma de posesión no se dirigían sólo hacia los indígenas, ni tampoco contra el Islam, cuando se penetró en su esfera, sino, ante todo, contra las demás potencias europeas.  Apenas había regresado Colón de su primer viaje (1493), España pidió al Papa Alejandro VI la primera división de la tierra: el meridiano a cien millas al oeste de las Azores había de separar la mitad española del orbe de la portuguesa.  Por acuerdo entre las dos potencias, la línea de demarcación más tarde fue trasladada a ciento setenta millas más al Oeste, pero su fijación exacta fracasó ante la inexactitud de los mapas y de los instrumentos.
En la práctica, la cuestión más importante era si a la otra parte de la esfera terráquea las islas de las Especias pertenecían al dominio español o al portugués.  Por este objetivo valiosísimo la lucha prendió en cuanto se logró llegar a las Molucas por el camino del Oeste.  Finalmente, decidió la política lo que la geodesia no era capaz de decidir.  Carlos V vendió la pretensión a su verdad por el precio de 350.000 ducados y la cedió a la Corona de Portugal; en realidad, aun sin esto, hubiera sido una verdad portuguesa.
Así en muchos puntos, la división por la fuerza de la Tierra va delante del descubrimiento, el pago delante de la comprobación, la política delante de la geografía.  Y al menos van ambas de la mano.  "La Tierra se torna redonda" no significa, por consiguiente, en absoluto que Europa se relativice a sí misma, sino, al contrario, sabe que ahora es realmente el centro, pues sabe que ella es la voluntad que domina alrededor de la Tierra.  Un sistema primario, todavía muy sencillo, de imperios coloniales surge en el recorrido de los primeros descubrimientos.  Cuando la segunda y tercera oleadas de las naciones navegantes, los holandeses, los franceses y los ingleses, se introducen en las zonas de dominio de los portugueses y españoles y se extienden desde ellas, la lucha por el reparto de la tierra se torna en imagen ampliada de las luchas de los estados de Europa.  Lo que en Europa misma se representaba en estilo diplomático, cada vez más refinado, con fuerzas entrenadas y métodos experimentados, en la amplitud del orbe tenía su preludio, o su eco, o su acción accesoria.  Pero no se trata de tropas regulares ni de plenipotenciarios en regla, sino de filibusteros, proscritos o escapados, que allí levantan unos contra otros las banderas de Europa; la cruel ley de la selva y de la alta mar se aplican en esta lucha por la tierra sin amo, tanto a los indígenas como a los europeos rivales.  Todos los conflictos, todas las enemistades y alianzas de la política europea son trasladadas inmediatamente bajo todos los cielos de la tierra.  Prenden allí, de allí llegan enconados o hacia allá se desvían.  Lo que aros V pudo decir de su Imperio al principio, que en él el sol no se ponía, se puede, en adelante, decir del Occidente en conjunto, es decir, del campo de fuerzas de sus intereses de poder y del palenque de su voluntad política.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Me interesa mucho su opinión. Modero los comentarios exclusivamente para evitar contenidos inapropiados.