LA GUERRA DE SECESIÓN EN LOS ESTADOS UNIDOS

En todo caso, costó debates de sangrienta seriedad, hasta que la relación de la Unión con cada uno delos estados y la competencia de los cuatro órganos constitucionales se equilibraron: durante todo el tiempo que se trabajó en la obra constitucional amenazó fracasar.  Además siguieron los propios conflictos amenazando y siendo inmanentes las mismas tensiones.  Con el crecimiento de la Unión y la más marcada conformación del carácter de los estados sudistas en las zonas algodoneras se agudiza la gran oposición del Norte y el Sur.  Durante decenios amenazó la guerra civil por la cuestión de la esclavitud.  Por primera vez en ella, en esta desagradable guerra moderna de masas, en la que el ejército de un millón de hombres, el ferrocarril estratégico, el acorazado, el submarino, el bloqueo por hambre, se aplicaron por primera vez, lucharon entre sí sangrientamente los estados de la Unión; por primera vez Lincoln, el hombre del pueblo del Oeste, ha rematado lo que el círculo de los aristócratas, alrededor de George Washington, había proyectado.  Desde entonces ya no hay ningún derecho de secesión y anulación; la primera crisis de la democracia americana, la crisis del particularismo, queda liquidada; la nación con libre voluntad se ha convertido en una.  Pero la prenda de su unidad y el contenido de su voluntad de futuro es la unidad del continente que se extiende y completa de mar a mar.  La amplitud del espacio no influyó allí de manera disolvente, sino precisamente constituyente, y con esto se engendró, aunque alejado de Europa y en una entidad histórica autónoma, una antítesis de Occidente con vitalidad propia, propicio espíritu y propia conciencia.
Todas las evoluciones de la historia de América del Norte, desde la guerra de independencia a la de secesión, fueron aprovechadas por la política europea, o al menos ella jugó alrededor de ellas, especialmente por la defensiva de Inglaterra y por la interesada alianza de Francia.  Ello se aplica incluso al comienzo de la gran marcha hacia el Oeste; la posibilidad de ésta fue creada por el tratado de compra co Napoleón y después lograda por el tratado con Inglaterra, renunciando a cambio al Canadá.  También l doctrina Monroe debe ser considerada bajo este aspecto.  Está planteada en situaciones muy definidas contra potencias y pretensiones europeas muy definidas, y desde entonces siempre fue sostenida.  No fue una doctrina, un programa, una voluntad o una decisión consciente la que llevó a desviarse de Europa, sino que condujo a ello la expansión hacia el Oeste, que ya por esto mismo es el tema decisivo en la historia de Norteamérica en el siglo XIX.

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