Es en estos incipientes siglosVIII al VI cuando se inventó la trirreme, es decir, por el simple artificio de poner el punto de giro del remo fuera de la banda, fue proporcionado un medio completamente nuevo no sólo a la navegación,sino a la batalla naval, una de las grandes innovaciones en la historia del arte militar, de la que nada supieron ningún egipcio, ningún cretense, ningún fenicio. Corinto, Mileto y las ciudades marítimas de Eubea marchan al frente, pero también las ciudades del interior construyen flotas de trirremes para sus fines comerciales y de colonización, además de para enfrentarse entre sí. La dura guerra comercial entre Calcis y Eretria, en el siglo VII, fue como un torbellino de energías políticas que atrajo a los griegos a las dos orillas del mar Egeo hacia sí; "también el resto de Grecia luchó de una u otra parte", dice Tucídides. Al mismo tiempo, se desarrolla en el Peloponeso, no sólo la segunda guerra mesenia, sino también la gran rivalidad entre Esparta y Argos. Naturalmente, que ambas guerras se implican entre sí, y muchas ciudades y territorios son atraídas o a la coalición antiespartana o al frente que Esparta organiza en contra. Entonces comenzó el estado lacedemonio a levantar piedra a piedra, el sistema de confederados que en el siglo siguiente se desarrolló como modelo de la alianza del Peloponeso.
Un tercer foco de tensión se forma en el siglo VII, además junto al golfo Sarónico, donde Egina asciende a ser la más rica ciudad comercial e industrial de toda la Hélade, entre la dura competencia de Atenas, Corinto y todos los estados vecinos y en activo juego con las ciudades e islas más alejados. Atica, que durante mucho tiempo ha estado a un lado, con estas complicaciones y con la inacabable lucha con Mégara, que sólo Pisístrato terminó, despierta a la política. Pero en el centro de su campo de actuación están desde el comienzo las ciudades de Asia Menor, especialmente las jónicas. Estas se mueven allí con la genialidad de la gente jonia, pero en todo caso, una vez que pasó la época caballeresca de Homero, no ya como los fuertes formadores de su destino, sino como aventureros y un poco piratas, sacudidos en todas direcciones por luchas internas, y además a la sombra del poder de los grandes estados de Asia anterior, en primer lugar del reino de Lidia, que el mismo dios de Delfos consideró invencible.
Pero no es bastante escoger entre esta época de la edad media griega algunos centros de tensión, algunos focos de conflicto, algunos frentes estables. Más bien, el conjunto es lo que se politiza en el sentido de que todo influye en todo, todo está potencialmente en enemistad con todo. el dórico Corinto está en alianza con la jónica Samos y con Calcis contra Mégara y Argos. En la guerra mesénica de Esparta también intervinieron potencias externas al Peloponeso, como Samos. Mileto pone sus manos casi por todas partes. El conjunto es como un tablero de ajedrez donde el alfil, desde un borde, influye en la relación de las figuras en la esquina opuesta. Sólo que este juego es sangrientamente serio, y, en todo momento, se trata de la vida y la muerte de la ciudad y sus murallas.
De esta oscilación de tensiones y descargas surge la imagen de la polis, distinta en cada caso, pero siempre contemporáneamente clara, limitada y equilibrada. ¡Qué magnífica inversión de los hechos pensar que estas nuevas piezas del tablero político son como fuerzas autárquicas gracias a una ley interna, que ha sido creadas como obras de arte se han llegado a formar como tales! El espíritu griego también ha pensado esta inversión, precisamente como antítesis a la intranquilidad del impulso político que le es innata: como utopía. Pero la verdadera polis no surge en ninguna parte, sino en el movimiento del actuar político. Desde luego, que nos e ha de explicar sólo del tumulto, como tampoco el cristal se explica por la mera química de la matriz. Un acto creador de concentración, de limitación y de unidad es lo que tiene lugar. La forma que se constituye en este acto abarca el acontecimiento en el que queda comprendido y obra en él como centro espontáneo de fuerza.

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