RUSIA Y OCCIDENTE (I)

En sentido contrario a la emigración americana hacia el Oeste, acaece en la vieja mitad de la tierra la expansión rusa hacia Turkmenistán y Siberia.  También en ella surge un continente político, una potencia mundial por derecho propio.  en la misma época en que en el lejano Oeste se organiza como estado California, el territorio del Amur es incorporado al imperio ruso en el lejano Oriente (1858), y se forma en Asia central el gobierno de Turkmenistán (1867).  El gigantesco espacio que con ello es metido en la Historia Universal, ya desde siglos atrás había sido abierto y explotado con economía de rapiña.  Su primer descubrimiento fue una novela de locas aventuras.  Comenzó cuando Jermak, en los años 1581-1584, con 800 cosacos, conquistó el imperio tártaro del zar Kuchum junto a los ríos Ob e Irtych.  En 1682 es fundada Yakutsk junto al río Lena; a finales del siglo XVII, se había llegado ya a la península de Kamchatka.  Muy poco a poco va penetrando el pueblo ruso colonizador, y las deportaciones van llenando el amplio espacio.  La conquista de la provincia del Amur por Muravief, la adquisición del norte de Sakhalin, la fundación de Vladivostok en 1860 -todo ello durante el decenio de la guerra de Crimea- es a la vez el espigueo de una cosecha de tres siglos y medio. Pero es decisivo, pues enlaza el poder mundial de Rusia al océano Pacífico.  Con los chinos tuvo el imperialismo ruso mucho que hacer desde antiguo, pero ahora entra en el campo de fuerzas del Japón y de los Estados Unidos, a los que en 1867 les es vendida Alaska.  Incalculables riquezas, primero pieles, desde Pedro el Grande, hierro, cobre, plomo, zinc, plata y oro, se sacan de Siberia, primero solamente como si se sacara la mano cerrada del mar.  La técnica occidental aplicada a tales dimensiones, reservas de energía y depósitos, ha de ser como si las energías latentes de la tierra dormida fueran arrancadas al sueño.
Por su cara europea, el imperio de los zares desempeña en el sistema racional de la política que se forma en Occidente alrededor del 1700 un papel imprescindible.  Sus objetivos en los espacios báltico y póntico ponen en tensión primero a las potencias europeas orientales y centrales, pero después, muy pronto, la política entera  de las cortes europeas.  En todas las combinaciones de alianzas y situaciones de equilibrio del siglo XVII, el peso de Rusia es grande, y más de una vez da el golpe decisivo, así en 1812.  Una potencia que incuestionablemente pertenecía a Europa, pero a la vez, tanto por su potencia como por su estilo, era supereuropea, intervenía de esta manera en el juego europeo.  Es como si el destino de la historia de la tierra que ha unido a la península europea sin fronteras con el continente asiático, en estos siglos de la Edad Moderna, se agudizara de nuevo con trascendencia sobre la historia universal.  El Occidente decimonónico la presintió: vive sous l'oeil des russes.  Angustia y esperanza, nostalgia e institnto de defensa se perciben en el espacio que se extiende infinito detrás de la primera línea europea de Rusia.  Moscú aparece como el centro avanzado de un mundo en el que Dios vive todavía, aun cuando sea negado, y en el sueño está más deserto que la razón del Occidente.

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